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ENTREVISTA / Paco Alonso / Arquitecto

“Un edificio, por salud, nunca debería ser más alto que un árbol”

Leonés de pueblo, arquitecto. Construyendo se dio cuenta de que en su profesión no se respetaban las tradiciones, se despreciaban los saberes antiguos, mandaba el comercio y la usura... y se rebeló

Fulgencio Fernández / León
Paco Alonso es arquitecto pero es otra cosa. Es un arquitecto que para levantar edificios jamás olvida que en su tierra las casas miraban hacia el monte Teleno, que está convencido de que un edificio jamás puede ser más alto que los árboles, que nos recuerda que en Nepal para hacer tapial éste no está consolidado hasta que el pisón emite un determinado sonido. Somos hijos de una ancestral cultura cuyas enseñanzas no podemos despreciar, de hecho, muchas de ellas las ha recogido en un precioso regalo que desde hace dos años nos hace a los leoneses: ‘El calendario de la agricultura y la construcción San Jorge’.

Cuando le cuenta a algún cliente que hay que elegir con mucho cuidado los materiales y la orientación, que hay que cortar la madera en menguante, que hay que estudiar las corrientes de agua y las energías... y le mira con cara extraña, ¿qué hace?
Le diría que en la antigua Grecia el centro de todas las casas, las más humildes y las de los ricos, es el fuego, el hogar. Y si mantiene la cara de escepticismo le doy mil ejemplos más de todas las culturas y civilizaciones.

¿Cómo pasó de ser un arquitecto al uso, tradicional, a lo que ahora es, no sé como denominarlo, bioarquitecto tal vez?
La ‘conversión’, por llamarlo de alguna manera, fue después de ser arquitecto, cuando me encontré con una serie de cosas que no me acababan de encajar, les daba vueltas, hasta que un día me regalaron un pequeño libro que se llamaba ‘Vivir en casa sana’, de Mariano Bueno, en el que había un aspecto de búsqueda que me llamó mucho la atención, hasta el punto de que le llamé por teléfono y me encontré con la grata sorpresa de que me dijo: ‘ven, este fin de semana doy una conferencia sobre ello, ven y te informas’.

¿Y qué escuchó allí?
Pues cosas que a los que somos de pueblo no nos extrañan pero que no habíamos reflexionado sobre ellas. Cosas como que los árboles se evaden hacía un lado según las influencias del lugar en el que se han plantado; como que los rayos caen repetidamente en puntos del terreno con más poder de atracción para ellos; como que determinadas enfermedades en un pueblo se dan en una determinada alineación, en una orientación concreta, algo que está constatado... Hechos muy concretos que relacionan el lugar con el desarrollo biológico de personas y animales, ¿y eso no lo vamos a tener en cuenta a la hora de construir la casa en la que vamos a vivir?, ¿harías tu casa en un lugar propenso a que caiga unrayo o a sufrir una determinada enfermedad?

¿Los animales tambiénnos pueden ofrecer ‘pistas’?
Por supuesto, en una granja estabulada los abortos se producen muchas veces en el mismo lugar. Aborta una vaca en un lugar, después hay allí otra vaca y también aborta.

¿Nadie repara en estas cosas, nadie las aplica?
La geobiología es una ciencia que en otros países se interpreta de manera permanente, pero en España este tipo de cosas están como están.

Al margen de la teoría, ¿usted lo ha comprobado?
Por supuesto. Yo he ido a mi pueblo, San Esteban de Nogales, y comprobé que los palomares están orientado de una determinada manera, los herreros ubicaban su herrería lejos de la influencia de los rayos, las casas miraban todas hacia el monte sagrado del Teleno y en la retina de sus gentes quedaba impregnado el blanco de las nieves eternas de la cumbre y la raya azul del cielo, colores que llevaban a sus construcciones a la hora de pintar... Todo está bien orientado en los pueblos y después fui a los castros celtas y me encontré con lo mismo.

A fin de cuentas es un proceso de hacerse preguntas sobre la vida tradicional, sobre los motivos de las cosas.
Eso es exactamente, buscar respuestas y hay lugares mágicos para hacerlo, como la Maragatería, que es un territorio muy étnico y etnográfico, su arquitectura es un libro abierto de arquitectura y de enclave, de ubicación, de aprovechamiento del agua, que es un bien escaso, de los materiales más adecuados. Te podría decir más, ¿porqué los perros se sientan siempre a descansar en el mismo lugar y mirando para el mismo sitio?, también los niños buscan siempre el mismo rincón...
Ha hablado de materiales. ¿Fue una aberración la proliferación de elementos como la uralita y la desaparición de otros, como la cal?
Lo de la cal es más que una aberración. Es un material de construcción eterno y denostado ahora mismo, casi desaparecido. Es el que mejor conserva el calor en tierras como las nuestra.

¿Mucha culpa tendrán los arquitectos?
Evidentemente, en la Facultad aprendes a calcular las proporciones del hormigón y cosas así, pero no a respetar la tradición en la construcción.

¿Cuando se rompió la costumbre de aplicar los conocimientos y saberes que nos han llegado a través de las generaciones?
Sobre todo a causa de las últimas guerras y en el trasiego del desarrollismo de las potencias vencedoras, con la implantación del hormigón, que fue el primer signo de la globalización. Los franceses lo descubrieron y se lo quieren vender a todo el planeta y a todas sus colonias. Encuentras que Le Corbusier, que fue un arquitecto notable, llevó el hormigón igual a Brasil que a la India o a Europa ¿Tu crees que climas tan diferentes pueden necesitar los mismos materiales? No, la arquitectura vernácula es otra cosa.Lo repetitivo destruye lo biológico, si algo asiste a la vida es la biodiversidad.

¿Pero cree que la industria puede estar pendiente de los ciclos de la luna o asuntos similares?
Ese es el problema. La industria necesita vender el hormigón, producir todos los días, no se puede detener, estar pendiente de la luna llena para cortar la madera...

Ha hablado del clima, ¿cada clima requiere su arquitectura?
Por supuesto. La desaparición de la cal es un crimen, era el material más cálido para tierras como la nuestra pero, mira, las multinacionales del petróleo llegaron aquí vendiendo aislantes y ahora son multinacionales de la construcción y ¿sabes lo que hicieron?, pues comprar todos los caleros que había diseminados por nuestra geografía, muchos en León, para cerrarlos, para que no produjeran, para evitar la competencia. Y así aparecieron los monocapas y ¿quién los vende?, no hace falta que te conteste.

¿La uralita?
Tuvieron que caerse las torres gemelas para que se prohibiera el amianto, que es el principal componente de la uralita. Lo urbano masifica el sistema productivo y las escuelas de arquitectura están enfocadas a dar servicio a las industrias no a los usuarios. El usuario no pinta nada en el proceso, ¿qué decide un usuario? Nada, ni los colores de sus habitaciones, tiene que repintarlos después.
¿La elección del suelo también es importante?
El enclave es clave, no hay un solo agricultor que no sepa elegir el sitio para la trilla o los terrenos con grano, etc. Yo eso lo aprendí en el pueblo, en el monasterio, ¿porqué el císter ubicó allí el monasterio o la huerta? Todo eso hay que llevarlo a la construcción de una sociedad saludable. En un sitio húmedo tu calientas y calientas la calefacción y el sentimiento biológico del cuerpo es siempre de humedad, porque el aire siempre está ionizado y entonces se humedece y se hace más conductor. Un sitio sano produce un árbol sano y da fruto, si el sitio está alterado el árbol se tuerce, tiene pulgones... Esto los antiguos lo sabían, en el año 3000 antes de Cristo un sabio escribió: “El gran tesoro del santo sabio es hallarse apostado en el sitio correcto”.

¿Vale la teoría para todas las construcciones, bodegas, molinos, palomares, herrerías... ?
Por supuesto ¿Sabes que bodegas son las que hacen mejor vino? Aquellas en las que crece la planta del bálsamo, no falla.

En nuestros pueblos estaba en la sabiduría popular la orientación adecuada para las casas, ¿porqué se ha olvidado?
Nadie en un pueblo orientaba mal su casa pero ahora se ha producido en lo urbano un desenfoque usurero, pues hay que sacar no sé cuántos pisos en el mínimo espacio. Y si no hay calor, ya se compensará gastando calefacción, eso no le importa al constructor.

¿Y la influencia en la salud?
En un congreso Internacional de Arquitectura, en los años 30 del siglo XX, ante la aparición de la tuberculosis ya se recomendaba que “toda habitación humana habitada deberá tener, como mínimo, dos horas de sol”, pues con este tiempo ya es suficiente para que en una estancia no haya microbios de tuberculosis. Es sólo un ejemplo. Una casa mal orientada es imposible emocionalmente, crea muchos problemas, tensiones continuas, causa peleas familiares. Tengo muy claro que hay muchas enfermedades que tienen que ver con un mal enclave y los malos materiales que se utilizan en la construcción.

¿Se ha olvidado el sol en las modernas construcciones?
Absolutamente y es uno de los errores más grandes. Los lagartos miran al sol por algo, los humanos lo buscan por algo, los perros lo encuentran... y los edificios lo necesitan, ningún edificio debería ser más alto que un árbol, se ha demostrado que en los pisos altos de los edificios el nivel de violencia de sus habitantes es mayor que el de los pisos bajos.

Ahora ya se habla de sostenibilidad, algo se ha avanzado.
Yo admiro que Zapatero se haya atrevido a hablar de sostenibilidad, lo que pasa es que nadie sabe nada de sostenibilidad, no saben de lo que hablan, es otra palabra más. ¿Dónde está la sostenibilidad de quien ha vivido siempre entre asfalto, rodeado de hormigón, ha comprado sus manzanas en los grandes almacenes buscando las más baratas?

¿Es necesario que todos estos conceptos, sostenibilidad, geobiología, bioarquitectura... se vayan haciendo cotidianos?
Es urgente. Ya se ha hecho mucho daño y ha llegado el momento de recuperar, algo habrá que hacer. Algo tendrá que detener a los arquitectos, a los promotores, al sistema, a la usura.
¿Es también un enfoque social?
Los hombres somos de hábitos, ¿cómo le cuentas a un arquitecto, al que se ha considerado incluso notable, que ha estado equivocado? Si yo hablo de esto en el Colegio de Arquitectos veo unas sonrisas y después comentan aquello de que soy ‘el que orienta las cámaras’, no quieren hablar de geobiología, de geofísica, de una manera natural de construir, eso abriría un debate que no quieren.

¿Son la gente como usted una ‘rara avis’, unos solitarios?
De momento sí. Pero vamos caminando. Nos juntamos 4 ó 5 arquitectos, terapeutas, etc, y decidimos unirnos en la asociación Gea que, la verdad, ha calado mejor por el Mediterráneo que por el norte, aquí somos como el clima, duros, pero todo llegará.

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