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FÚTBOL / Segunda División B (Ponferradina, 0 - Barakaldo, 0)

La Deportiva vuelve a la categoría

La Ponferradina conserva el liderato, pero no logra ampliar diferencias tras un partido gris

Nino y Mitogo lamentan la ocasión perdida en una de las escasas oportunidades que generó la Deportiva ante el Barakaldo. DANIEL

Javier Santiago / Ponferrada
En la primera parte no pasó nada. En los siguientes 35 minutos tampoco. Después hubo algún sobresalto, pero no tantos como para desbocar el riesgo de infarto. Luego, el árbitro pitó el final y quedó la sensación de tarde perdida, de día en balde, o casi.
Visto lo visto, valdrían con estas ocho escuetas líneas para ventilar la historia del partido de ayer. Pero por delante queda mucho espacio en blanco que hay que llenar y siempre surgen cosas que contar. Incluso en una tarde como la de ayer, en la que el cuaderno de notas está casi desierto y el caudal de las emociones baja bastante seco.
Fue la tarde en la que la Ponferradina regresó a la categoría. Se bajó de la nube de las dos últimas jornadas y volvió a sumergirse en el territorio pedestre de la Segunda A. Los partidos ante el Lugo y el Eibar fueron un hermoso oasis. Algo así como un aperitivo de lo que se encontrará quien ascienda a Segunda A. Pero la cotidianidad de esta Liga es otra cosa. Se trata de una letanía de partidos como el de ayer, con rivales competentes empeñados en desactivar las luces de la Ponferradina y con la alegría batiéndose en retirada.
El Barakaldo ejerció de anfitrión de la Deportiva en su regreso a la rutina. Como hacen los equipos serios e inteligentes, se puso manos a la obra para sacar partido a sus virtudes y oscurecer las de los blanquiazules. Y así, consiguió en seguida que el partido bailase al son de su música. Desgraciadamente, la cosa no era para tararear a los Rolling o a Bruce Springsteen. Ni siquiera asomaba el toque canalla de un Sabina o la solemnidad más o menos soportable de un pasodoble. No. La cosa se quedó en algo parecido a una marcha militar. Un monótono pentagrama de notas repetidas como golpes de tambor.
La Deportiva se encontró con el partido de siempre. Nada que ver con la intensidad, la calidad y las pasiones de las dos últimas semanas.Mucha presión, muchas interrupciones, mucha espesura y pocas sonrisas. Segunda B, en definitiva.
Así, la primera parte podría no haber existido. El mundo seguiría girando igual y la afición se hubiera ahorrado 45 minutos de sopor. Sólo los leves sustos ofensivos que protagonizó el Barakaldo sobresalieron en medio de un dominio intrascendente de la Ponferradina y del eficaz y encomiable trabajo defensivo de los vizcaínos.
El descanso sirvió para lo que sirve descansar de nada. Y así, después vino más nada, o casi. El partido siguió transcurriendo a su paso, con el mismo tamborileo gris y con la misma ausencia de emociones. La Ponferradina no encontraba el camino siquiera hacia su primer disparo a puerta y el Barakaldo continuaba con lo suyo. Y así durante minutos eternos que se extendían como gomas elásticas para desbordar los límites del aburrimiento.
En este plan hasta que las oraciones de los más devotos dieron resultado y apareció por fin un sobresalto para ahuyentar el sopor. El árbitro, hasta entonces empleado con eficacia en estropear aún más el partido, castigó con roja una fea entrada de Álvaro sobre Víctor Salas. La Ponferradina recibió la noticia como un calambrazo en medio del sueño y decidió convertir los últimos diez minutos en la antítesis de los 80 anteriores.
No fue para tanto, pero al menos sirvió para que De Paula estrellase en la cruceta la ocasión más clara de la tarde. O, mejor dicho, prácticamente la única ocasión. Y así se disipó la posibilidad de que los blanquiazules aprovecharan una jornada propicia para abrir hueco. Pero, a la vez, pasó un día más con el equipo mandando en la clasificación de una categoría que es como es. Conviene no olvidarlo.

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