UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO

Cuando la robla se comía en La Robla |
Hoy nuestros pueblos se buscan un lugar al sol tirando de imaginación para que su nombre suene mientras ven como muere aquello que los hizo importantes, la minería o la ganadería, la agricultura o el pan. Antes había un baremo infalible, su feria. Y nadie se creía más pueblo por tenerla, todo lo contrario, ya la tenían importante desde la capital a todas las cabeceras de comarca, incluida esa Robla que recibe a los visitantes con una escultura que recuerda a esa fase de la compra que es la celebración, la robla. Porque La Robla fue antes pueblón que industrial, ganadero que térmico, feriante que cementero. Cuando por allí pasó el viajero Jovellanos, a finales del XVIII, le sorprendió una tierra de “bellos chopos y sauces, algunos negrillos y álamos blancos; suelo bien cultivado, tierra de vega, con mucho morrillo, mucho lino...”. ¡Quién lo iba a decir! Quién iba a decir que la imagen de la fotografía es una feria de ganado en La Robla que hoy es de cemento y electricidad, en la que fue noticia habitual por los índices de contaminación, por los tejados blancos que no eran de nieve. Y sólo hace 53 años que las vacas y las bicicletas tomaban las calles y las plazas en la feria de noviembre, en la de los tratos que cerraban con la robla. |
![]() Fulgencio Fernández |
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