UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO

Cuando el pueblo |
En la fiesta de Todos los Santos, que ayer se celebró, leoneses llegados desde todos los rincones del país, y algunos del extranjero, vuelven a sus pueblos, a sus raíces, para dejar en el cementerio unas flores sobre la lápida bajo la que han quedado enterrados sus antepasados, su familia, sus recuerdos, su memoria. En esta fiesta, cada año, es inevitable pensar en qué harán, qué pensarán, hacia dónde viajarán aquellos a los que les han robado hasta su cementerio, a los que han borrado su memoria, a los que han ahogado sus recuerdos. ¿Qué harían ayer los antiguos vecinos de Vegamián (en la fotografía), Campillo, Riaño, Anciles, Éscaro, La Puerta, Salio, los pueblos de Luna o los olvidados vecinos de Oliegos, entre otros muchos? ¿Qué pensarían al ver los enormes puestos de venta de flores para llevar a los cementerios?, ¿de qué hablarán cuando el resto de los contertulios preparan el viaje para regresar hasta el pueblo, posar unas flores sobre las lápidas y recordar tantas historias como vivieron con quienes ahora están en las adornadas tumbas? Sus pueblos son enormes cementerios. De vez en cuando las espadañas de las iglesias dejan sus reflejos en el agua, en las sequías salen las casas a la luz. Los cementerios no, están bajo tierra. |
![]() Fulgencio Fernández |
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