UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

Móvil o dulzaina, el |
Hasta no hace mucho tiempo llevar el móvil en bandolera era casi sinónimo de modernidad, de estar a la última, conectado al futuro. Hasta no hace mucho tiempo andar por la calle con dulzaina y tamboril, vestido de comarcano leonés, producía el recelo de quienes miraban a nuestro pasado más reciente con el recelo que levantaba lo que les olía a rancio y antiguo, a pasado que no mira al futuro. Pero los tiempos cambian que es una barbaridad, que dicen en las tertulias, y se pusieron de moda los mercados medievales y las fiestas romanas y las historias de señores feudales que defendían sus castillos viendo morir a soldados hijos del pueblo llano. Pero los móviles llegaron hasta la última casa del último pueblo, incluso antes que la cobertura, y dejó de ser un signo de distinción este artilugio con música hortera en su sintonía. Hoy lo moderno ya no es el móvil. Ni lo antiguo es tocar la dulzaina o bailar el pendón, más bien todo lo contrario. Hoy cuando queremos impactar a nuestros visitantes ilustres nos vestimos de provincianos, bailamos danzas de paloteo, tocamos la chifla y el tamboril, sacamos nuestras banderas y a todo ello le llamamos raíces. Y lo práctico es lo que hace el paisano de la imagen. Una funda para el móvil y otra para la dulzaina. |
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