UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

La tierra de las |
Cuando viajas por las carreteras de lugares como Lois, Maraña, Babia... atravesando sus valles en los que vacas y yeguas pacen no puedes evitar tener la sensación de que estás viendo animales felices y tranquilos, desestresados, seres en el entorno más idílico que te puedas imaginar. La tierra de las yeguas y las vacas felices. Hasta que empiezan a contarte historias y sus dueños se quejan amargamente de olvidos y desidias. De yeguas y potros felices hasta que en la noche atacan los lobos y con la misma impunidad que estos matan y marchan las administraciones olvidan. Y te cuentan como, si no mueren en la Reserva o en el Parque Nacional, se convierte en una misión imposible poder cobrar los daños causados por las alimañas. Y cuando lo consiguen con unos precios entre tristes y ridículos. Y cuando ven el dinero en la cartilla del banco han pasado tantos meses que ya no se acordaban de la cantidad de veces que bajaron a la Junta a arreglar los papeles de la yegua muerta. Por lo que el paisano insiste en que las yeguas y vacas, toros y caballos, tal vez sean felices pero sus dueños sufren los mismos olvidos y desprecios que el resto de las gentes del campo. Te convencen, tanto que al marchar las vuelves a ver y en vez de pensar en su felicidad te acuerdas de su amo. |
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