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INTEGRACIÓN / Curso

Nueve meses de español acelerado

Sierra Pambley inicia en septiembre un curso para extranjeros

Alumnos extranjeros participantes en la segunda edición del curso 2008-2009, en una imagen del pasado mes de junio. F.S.P.

Ángel Negro / León
En España, los hombres se saludan dándose la mano y las mujeres dándose dos besos. Cuando nos encontramos con alguien por la calle decimos ¡hasta luego!’, y cuando un hombre saluda a una mujer, o una mujer a un hombre, le da dos besos en las mejillas’.
¿Costumbres complejas? ¿Una descripción de la realidad difícil de comprender? No se trata de tres frases elegidas al puro azar, ni tampoco han sido escritas para recordar a los despistados la base comunicativa de la península. Besos, cercanía y un contacto directo responden al estereotipo del comportamiento típico en las calles y casas españolas, sea un amigo o un forastero el interlocutor, en clara y evidente sintonía con los gestos desbordados que siempre caracterizan a los países mediterráneamente soleados. Una profusa cantidad de besos y abrazos muy de aquí que, sin embargo, roza lo maleducado en aquellos territorios donde no conciben otro saludo que una palma abierta con los dedos extendidos y un ligero movimiento de derecha-izquierda tan casto como tradicional.
Los besos, pues, son la barrera. Ese comportamiento merecedor del destierro para prevenir pandemias y que genera confusión entre los inmigrantes llegados de las frías tierras centroeuropeas o septentrionales sigue imponiéndose, sin remedio, en esta parte del continente. Y aquellos que reconocen en un abrazo algo más que un trámite o no captan la ironía de un insulto a modo de despedida se ven irremediablemente condenados a algo más que la incomprensión en una España actual, siempre y por siempre different, donde no sólo es extraña la palabra utilizada.
Por eso, con el objetivo de evitar confusiones, fomentar la competencia lingüística entre los extranjeros y ayudar a los recién llegados a desenvolverse correctamente dentro de los límites de nuestro país, la Fundación Sierra-Pambley de León iniciará el próximo mes de septiembre sus tradicionales cursos de español dirigidos con carácter anual al segmento poblacional que más necesita mejorar en el uso del castellano por su especial procedencia. Así, la tercera edición de estas clases gratuitas, para cuya matrícula no es necesario rellenar ningún papel, se desarrollará en dos niveles (inicial e intermedio) que estarán dirigidos por el mismo profesor especializado.
Mario de la Fuente, doctor en Filología Hispánica por la ULE y responsable único de la enseñanza, advierte del sentido de esta iniciativa sin ánimo de lucro: “No es caridad lingüística, sino calidad. No buscamos voluntarios para enseñar, sino profesores de español con experiencia. Si cualquier alemán tiene un buen maestro para aprender español, un rumano también tiene derecho a él”.
En todo caso, sea cual sea el nivel de los voluntarios, la enseñanza de una segunda lengua nunca es sencilla. Por ello, la Fundación leonesa pondrá a disposición de sus alumnos los instrumentos necesarios y colgará en su página web los contenidos didácticos en formato pdf para facilitar en lo posible el seguimiento diario de las clases. Más de cuatrocientas páginas en total con ilustraciones, letras de canciones y ejercicios gramaticales que comienzan con saludos, números y estaciones del año y culminan con la explicación de los marcadores discursivos propios de una conversación como ‘además’, ‘encima’, ‘claro’, ‘bueno’ o, por ejemplo, ‘mira’. Un recorrido por el idioma que más fuerte crece, determinado por la superficialidad obligada del tiempo disponible y que se asienta, en cualquier caso, en metodologías aprobadas por el prestigioso Instituto Cervantes.
“Cuando comenzamos hace 3 años teníamos 10 alumnos en cada clase, pero el pasado año alcanzamos los 50. En este curso 2009-2010 ya hay apuntados 35, pero la mayoría acuden cuando las clases están iniciadas, de ahí que esperemos una afluencia mayor”.
Tal y como apunta Mario, la situación legal de los alumnos así como la lógica dependencia a su puesto laboral acostumbra a provocar altibajos presenciales y, por ende, a impedir la asistencia total durante los nueve meses completos, aunque su voz consigue irradiar un optimismo contagioso: “Somos conscientes de las dificultades, pero los extranjeros que vienen a España sólo quieren trabajar, aprender el idioma e integrarse. Tenemos que ponérselo fácil”.

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