Héctor y Clemente a lo suyo, suma y sigue, y ‘El Faraón’ recupera el liderato
La lucha femenina volvió a tener protagonismo en Prioro. SECUNDINO PÉREZ
F. Fernández / Prioro
En el corro de ayer, en la Catedral aunque ‘‘con el predicador borracho’’ en expresión de un espectador a raíz de lo que había pasado, hubo un poco de todo, más cosas que los accidentados inicio y final. Hubo un recuerdo para Alfonso Escanciano, un nombre y un apellido ineludibles en la historia local de la lucha leonesa. De él se llevó una pequeña copa que había ganado hace 60 años, (‘‘la más pequeña pero la más querida’’, decía su hijo Che), de él se recordaba su imagen en los corros, en los que siempre tenía un hijo luchando (una vez batió el record en los años 80 y lucharon cinco hermanos Escanciano en el mismo corro, de Prioro, por supuesto).
Y hubo para la gente de Prioro, que ve muchos detalles que en otros lados se pasan por alto, muchos momentos con chispa. Como los de Teje y Mario del Blanco en ligeros; como la preciosa cadrilada de Morala a Marqui; como la buena lucha que ayer hizo Samuel; como la caída entera que le dio Omar Liquete a Clemente que le hizo salir al del Ferral del corro con el pecho más ancho que un ocho; como la cerrada ovación que le brindaron a dos riberanos (Clemente y Sansón Cabero) en su enfrentamiento o en la trabajada victoria de Juan Manuel Flecha ante Sergio Pérez.
Aunque en pesados ya se sabe que baja la tensión, cuando vieron que Caberín y El Faraón debían medirse en la previa supieron que allí estaba en juego el liderato. Siguieron el combate, vieron como se respetaban los dos luchadores y como Alberto pilló a Cabero, como siempre, en un tranque. Media caída que fue suficiente por mucho que Caberín buscó remontar. Por eso, cuando se abrazaron al final (tienen muy buena relación) el derrotado fue claro: ‘‘Cabrón, cómo te echaste para atrás’’.
Así iba pasando el tiempo. Con detalles y sol, hasta que llovió otra vez. Nuevo parón. ‘Y nos dieron las diez, y las once’ que diría Sabina cuando decidieron ir a luchar a otro lugar. Ganó Héctor a Víctor, ganó Clemente a Flecha y El Faraón ni se despeinó pues Avelino se resintió de su lesión en el hombro.
Cuando marchamos de la pradera Los Berrones cantaban: ‘‘ que me lleva Dios’’. Pues eso.