El pueblo astur celebró en la noche de ayer uno de sus rituales más tradicionales, la Noche de los Druidas. Arropados por el manto de la noche, un séquito de tribus partió desde el campamento hacia el centro de la ciudad, pero no lo hacían solos. Un rehén romano inmovilizado con grilletes les acompañaba por primera vez para ser sacrificado al término de la especial reunión a la que acudieron los druidas de las montañas, quienes bajaron a la ciudad para hacer partícipes a todos de sus cuentos, leyendas y mitos. El único requisito imprescindible fue que sus historias estuvieran ambientadas en la época astur-romana, contando con un tiempo de diez minutos para dársela a conocer a los miembros de su pueblo. Mientras el jurado deliberó sobre cuál de los druidas se merecía la distinción de plata, los astures procedieron al sacrificio del guerrero romano secuestrado.