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OTRA VISIÓN URBANA

Molinos en medio de la ciudad

Molino de Javier Emperador en Villaquilambre, uno de los mejor conservados que es a la vez casa particular y restaurante. MAURICIO PEÑA

I. Herrera / León
La provincia de León no dispone aún de un inventario general de bienes provenientes de su patrimonio industrial. Todavía hace escasas fechas la Junta ha sacado a licitación un proyecto de 100.000 euros para documentar desde viejos molinos a instalaciones ferroviarias, mineras, industriales…
Los viejos molinos son una parte esencial de ese legado. En todos los rincones de la provincia, casi en cada pueblo, hay o hubo un molino para convertir el trigo en alimento básico de generaciones de leoneses. En el llamado alfoz de León son casi una veintena, y lo que es mejor, ninguno ha sido víctima de la especulación urbanística de la última década. Las nuevas urbanizaciones y los nuevos barrios les han dejado al margen, tanto en San Andrés del Rabanedo como en Villaquilambre, Sariegos o Villaturiel, aunque desde sus viejas ventanas se puedan ver a pocos metros a los nuevos inquilinos del campo leonés cercano a las ciudades. En estos cuatro municipios se conservan muchos. Unos mejor que otros, pero todos al fin y al cabo siguen en pie.
“Deberían conservarse todos. Habría que ayudar a los propietarios garantizando los cauces históricos del agua a cambio de que los rehabiliten”, comenta Javier Emperador. Su molino de Villaquilambre es vivienda particular y restaurante. Es también, el emblema de todos ellos, porque fue de los primeros que se reconstruyó también. Por todos sus rincones se pone de manifiesto el interés de su dueño por todo lo leonés. Emperador es uno de los grandes coleccionistas de indumentaria leonesa. Trajes y complementos de su propiedad están en el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas y en Madrid.
El molino estaba casi en ruina hace 20 años cuando lo compró. Gracias a su pasión por este tipo de construcciones, hoy las viejas paredes han cobrado de nuevo vida. “Recuperamos todo, hasta los ladrillos nos los hicieron en una fábrica especialmente para su reconstrucción”, comenta.
Villaquilambre, Villaobispo, Villanueva del Árbol... fueron zonas históricamente de molineros. El de Emperador no es el único que se conserva; en los alrededores hay otros también dignos de revista de decoración que se han puesto en valor en los últimos años.
En la otra ribera que circunda la ciudad,lapresa del río Bernesga que va desde Cuadros a Vega de Infanzones, llegaron a contarse hasta 96 molinos. El declive llegó en los años 40 del siglo pasado, cuando el Servicio Nacional del Trigo impuso una serie de medidas. Pese a ser uno de los pueblos donde más se ha desarrollado la construcción, Trobajo del Camino mantiene más de unoen su casco urbano. En total, el municipio de San Andrés tiene varios desperdigados por parajes como el ‘Picón’ o el‘Sotico’, o en Villabalter, donde a la entrada del pueblo hay uno de los más emblemáticos.
Todas las provincias de Castilla y León dispondrán, en el año 2010, del un inventario provincializado de su patrimonio histórico industrial, que aglutina alrededor de 4.000 bienes en toda la Comunidad.
Los molinos, como dice el estudioso leonés Javier Revilla, forman parte de ese paisaje de los pueblos como seña de identidad de otra época, en la que la vida era más dura y había que sobrevivir trabajando la tierra.De todo el patrimonio industrial, los molinos no es de lo que peor está. Al menos en el alfoz de León. Ahora casi se han convertido en casas de lujo para sus propietarios.

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