101 niños de Madrid pasarán 15 días de convivencia para conocer la zona y sus costumbres
Los jóvenes madrileños disfrutan estos días de las magníficas instalaciones del camping de Bembibre. HÉCTOR KEUDELL
Héctor Keudell / Ponferrada
El camping de Bembibre vuelve a ser lugar de preferencia para la estancia de un grupo de jóvenes procedente de Madrid, que busca en la capital del Bierzo Alto un lugar donde fomentar los valores humanos en contacto directo con la naturaleza. Un total de 101 niños y niñas de la Parroquia San Pedro Nolasco, acompañados por una veintena de monitores, dedican 15 días de sus vacaciones a conocer el Bierzo Alto, sus costumbres, sus gentes y su cultura, en el marco de un conjunto de ocio y tiempo libre.
Desde hace 16 años, el campamento de la Parroquia San Pedro Nolasco, la actividad ‘estrella’ de este colectivo, se mueve por España durante la primera quincena de julio evadiendo el maremágnum de la ciudad en una actividad de convivencia general con otros compañeros. No ocultan su preferencia por la comunidad de Castilla y León, porque reúne diferentes condicionantes que la hace atractiva para este grupo, y esta vez han llegado a Bembibre, una población que les permite aprender algo más sobre una zona minera, el vínculo de Bembibre y del Bierzo Alto con la minería del carbón, y su actividad agrícola y ganadera aún viva en numerosas zonas.
Ana y José, los coordinadores del campamento, explicaron que este tipo de actividades sirven para que los niños “conozcan un poco más, un mínimo de sus tradiciones, valores, y sobre todo, el por qué somos así”. Es una forma de conocer el país, a las personas, y en los pocos días que llevan en el municipio la primera experiencia ha sido muy agradable. “En Bembibre hemos sido muy bien recibidos y aceptados desde el primer momento, y ahora queremos que los niños conozcan directamente a la gente, que visiten alguna persona de la zona, algún artesano, que les explique algo sobre la economía de la zona y sobre su trabajo”, explicó Ana.
En el campamento reina desde primera hora de la mañana hasta la recogida el buen ambiente ya característico. Los niños y niñas, de 8 a 17 años, se dividen en tres grupos (pequeños, de 8 a 11 años; medianos, hasta los 14; y el resto, los mayores). Todos ellos juegan y aprenden con los monitores, realizan actividades específicas y generales a razón de su edad, se mueven hasta por el último lugar del camping y hacen también lo propio por el municipio y su entorno. Y siempre hay un motivo para estar entretenido aprendiendo algo más, un aprendizaje que los monitores centran en torno a los valores humanos que cada uno de los días ocupan una temática diferente. El día que recibieron a este periódico tocaba la curiosidad, y para ello inventaron una historia: una gripe nueva se propaga por el campamento; las autoridades dan pistas a los diferentes grupos para que intenten saber quién está infectado a fin de tomar las medidas convenientes. Que no se asuste nadie, que no es el caso de este campamento, sólo es una historia queparte de cuestiones de actualidad. Mañana habrá otro motivo.
Los jóvenes se recrean en Bembibre en un camping en el que siempre hay algo que les mantiene entretenidos. Y todo ello con un programa educativo para conocer la zona. Por el momento ya han hecho la primera excursión a la playa fluvial de La Ribera, y en lo sucesivo queda seguir conociendo más del entorno programando visitas a los lugares más emblemáticos del municipio y de la zona.