UNA IMAGEN Y 242 PALABRAS

No es un cinto, es una historia |
El chaval se pone el cinto con estilo, de casta (la de los Getino) le viene y sabe que lo que se está ‘calzando’ no es un cinto, sino una historia. Es un cinto de lucha, es una tradición y es una historia, la de tanta gente que se lo ató a lo largo de siglos, deportistas salidos de los pueblos que defendían el buen nombre de su tierra representado por un mazapán. Pone el chaval un cinto solidario, como solidario fue aquel luchador de Mansilla Mayor, el padre Llorente, que marchó a trabajar por los indígenas del lugar más difícil, los de Alaska, y allí sigue pues allí quiso ser enterrado. Un cinto de campeón, como campeón fue aquel paisanín de Rucayo al que llamaban ‘El Sastrín’, que era capaz de tumbar, con menos de 60 kilos, al vencedor de pesados en aquellos provinciales de los años 30 pues en ella murió, fue uno de aquellos paseados cuyo cuerpo apareció un día en el monte. Un cinto de herencia familiar, de hijo de un luchador minero, la profesión de su padre y la de aquel recordado ‘Chuchi’ de La Ercina, que un día escuchó desde los talleres una explosión de grisú y entró al corazón de la mina para ver si podía salvar a algún compañero siendo perfectamente consciente de que lo más fácil era que él también se quedara allí para siempre. Y allí quedó. No es un cinto, es una historia. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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