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UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS


Quién lo diría,
morir para ver

Los cementerios también guardan la historia de los pueblos, aunque parezca que en ellos no se mueve una hoja. Como la historia de la depravación siempre se sitúa en su nivel máximo cuando uno es profanado.

Los cementerios tienen vida, te lo aseguro yo que conocí a mi padre detrás de las rejas de uno. Cada mañana debía llegar hasta allí con mi madre, hablábamos con él y nos íbamos hasta el día siguiente, hasta la próxima visita. Jamás pensé que allí había muertos.

Los cementerios también definen a los pueblos. El de la fotografía nos ilustra a la perfección la soledad y el olvido a los que durante tanto tiempo sometieron a la Cabrera los organismos e instituciones. En el tapial de sus paredes está escrita la queja por el abandono.

Cada pueblo se retrata en sus cementerios. En Portugal podrían ser museos, en sus lápidas están los poemas más bellos y sentidos, dignos de los grandes poetas que el país tiene. El cementerio judío de Praga acoge 30.000 lápidas en unos pocos metros cuadrados; allí se entiende mejor que en mil libros la historia de aquel pueblo. El de París es el mejor mirador para ver la ciudad. El de la Isla Martín García en el Río de la Plata dibuja el caos de aquel lugar y allí existe una plaza de toros, un teatro y hasta una panadería.

Morir para ver.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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