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UNA IMAGEN Y 202 PALABRAS


Falta uno mirando
para el teatrillo

Decía Victoriano Crémer cuando caminaba con sus deportivas de centenario lúcido por la Avenida Madrid y no tenía muchas ganas de pararse a hablar con quien le preguntaba hacia donde iba: “Hasta el teatrillo”.

El teatrillo lo era todo para él, que había conocido el viejo consistorio como teatro y siempre hizo la crónica municipal pensando que aquello seguía siendo puro teatro. Teatrillo, casi sainete, era todo para este centenario que empezó a trabajar de niño, conoció la cárcel de la represión de mozo y se murió con la Olivetti puesta, su última columna aún está caliente.

Todo podía ser puro teatro para él, casi un sainete para quien todo lo había visto ya, pero Victoriano seguía mirando a la vida como los niños se quedan observando a la maleta y la cara del cómico, del titiritero.

La única diferencia entre las miradas de los niños y la del poeta andante eran las mancaduras de la vida. En la mirada de los chavales hay admiración y ternura, ganas de sorprenderse. Y se sorprenderán.

Dice Gamoneda que Crémer era tierno y espinoso. Miraba al teatrillo con ternura, pero con las espinas que le había clavado el tiempo.

Y sorpresas, ya pocas, aunque lo disimulara.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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