Gran exposición de lámparas de mina en el MSM
Paneles colocados en las paredes (las lámparas cuelgan del techo) explican la evolución de la minería y la historia de la iluminación en las mismas a lo largo de los siglos. MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández / Sabero
Nada hay tan parecido a la mina como la noche”; “pocas cosas son tan indelebles en el recuerdo del carbón como el aroma de los carburos”; “sea cual sea la forma de las galerías y de los túneles y el tipo de iluminación que pueda alumbrar los esforzados trabajos de los mineros, siempre “la luz en la cueva”, la luz primera de la humanidad en su busca de refugio y de materias apropiadas para asegurar su subsistencia, marcará el aspecto de esa claridad en lucha con la oscuridad de las profundidades terrestres, paradigma de la negrura total de la nada”. Son frases de Fernando Cuevas y de los académicos Luis Mateo Diez y José María Merino hablando de la mina, la oscuridad y la lucha por derrotarla que siempre ha sido la iluminación en la mina, en el corazón negro de la tierra.
Esta historia, la de la iluminación en las minas, es la que protagoniza una singular exposición que se puede ver hasta el 19 de julio en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero (MSM) con el título de ‘Luces en la mina’, lo que otro escritor de la comarca, de Olleros, ha definido como “la peculiar cadena evolutiva de las lámparas mineras, para iluminar las galerías de la mina y convertirlas en grandes avenidas subterráneas; como le había contado algún minero curtido en los avatares de la minería y con ganas de tomarle el pelo”.
Una muestra singular y muy completa, producida por el propio museo y que ha rastreado y buscado lámparas en los lugares más diversos. Roberto Fernández, director del MSM, explica que la muestra acoge “140 lámparas de mina, procedentes de dos coleccionistas particulares de Barruelo de Santullán, de otro coleccionista de Mieres y fondos propios del museo. También hay una completa colección de libros y publicaciones sobre el tema, destacando un ejemplar del año 1880 y varios títulos franceses, ingleses y alemanes y se completa la muestra con una sección dedicada a las lampisterías, con varios frentes de lampistería, con sus lámparas cargando”.
Paneles explicativos, fotografías relacionadas con la iluminación en las minas y cuatro textos escritos para esta iniciativa por Julio Llamazares, Luis Mateo Diez (los que aparecen en estas páginas), José María Merino y Aurelio Loureiro completan esta ‘Luces en la mina’ que se presenta a los visitantes de una manera realmente original, las lámparas aparecen colgadas del techo con finos cables de acero, que permiten que el público se mueva entre ellas, las rodee, las vea perfectamente, las toque... La descripción de cada lámpara se encuentra en una ficha como las que lo mineros entregaban en las lampisterías para retirar su lámpara cuando entraban al tajo.
Las dos plantas que acogen la muestra van haciendo un recorrido por la historia de la iluminación en la mina: desde una introducción a la historia de la iluminación; ejemplos de cada tipo de lámpara (candiles, carburos, lámparas de seguridad, lámparas eléctricas de mano, lámparas eléctricas de casco); el mundo del grisú; laminas antiguas, fotos de mineros con cada tipo de lámpara...
El mundo del grisú, el gran enemigo de la mina y los mineros, que tantas vidas se llevó por delante, tiene una presencia significativa en la muestra en dos apartados: con el jilguero que su utilizaba metido en una jaula (cuando aparecía muerto es que había gran concentración de gas) y, sobre todo, con un panel que recuerda la figura del penitente: un arriesgado y peligroso trabajo realizado por una persona cuya misión era entrar el primero en la mina y detectar la presencia del gas , corriendo en cada una de las exploraciones que hacía un gran peligro por su vida. Llevaba en su mano una pértiga encendida, que acercaba a las zonas donde podía haber grisú; se recubría con sacos muy bastos y empapados en agua para evitar, en lo posible, las quemaduras que se producían al inflamarse el gas. Muchas veces perdía la vida este minero que ganaba más dinero y gozaba de prestigio entre los colegas.