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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


Aquella tarde de gloria del llamado ‘Niño de La Vasco’

Ayer sonaron en Navatejera los clarines y timbales del primer paseíllo del año en la provincia de León. Ya están aquí los toros, una vieja historia que ha cambiado tanto como ha cambiado este país, aunque pocas cosas se aferran tanto como ‘la fiesta’ a las viejas fórmulas y los ritos tradicionales. ‘Con permiso de la autoridad’, dicen hoy, ‘con superior permiso’ decía el cartel de la novillada a la que pertenece esta fotografía; persiste la fórmula de ‘se lidiarán, banderillearán y serán muertos a estoque’ y, por supuesto, la de ‘si el tiempo no lo impide’.
No existían en aquel 1956 de la becerrada de La Robla que recoge la fotografía grupos antitaurinos que se manifestaran en las puertas de la plaza, ni los dejaban existir. Eran los tiempos de la Fiesta Nacional y el repetido ‘pan y toros’, más el fútbol.

Lo que sí existía era un pueblo que encontraba en los toros otro momento para evadirse de la monotonía de aquellos días grises, de los trabajos bajo tierra en las minas, de la luz del final de la posguerra que no aparecía al final del túnel. Un pueblo que, además de la corrida, tenía el aliciente de ver a alguno de sus vecinos como protagonistas. En el cartel de esta becerrada figura como tercer espada Francisco Coca Rodríguez, al que su nombre de guerra delata como más minero que torero, El Niño de La Vasco. Por cierto, también de La Vasco son las rústicas y abarrotadas instalaciones que el cartel llama plaza.

También aparece ahí, a caballo, abriendo el cortejo, una institución en La Robla:Vicentín, durante tantos años dueño de la concurrida discoteca de la localidad minera e industrial.

Fue aquella tarde de gloria del ya desaparecido Niño de la Vasco y del todavía joven, con 90 años, Vicente, que sigue montando a caballo.


Ful
Fulgencio
Fernández

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