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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


Cuando había misa dominical

Aparecía hace un par de días en este mismo rincón una estampa de Prada de la Sierra en la que unos ciclistas atraviesan sus parajes sin mirar a las casas vacías y en el horizonte se perfilan las aspas de los modernos molinos, los de energía eólica, aquellos que nada tienen que ver con los viejos molinos a los que las gentes llevaban en trigo, los de las leyendas de la molinera que tanto juego han dado en nuestro cancionero.

Se decía en aquella imagen que Prada fue pueblo de mozos y tradiciones, que tuvo vecera, guardas de pan y leyes antiguas aplicadas a la sombra de la iglesia y los saberes de los viejos del lugar. Parece difícil creerlo viendo hoy un pueblo abandonado y despoblado, parece difícil entenderlo cuando se han borrado las huellas de aquella vida que dicen que existió.

Que realmente existió.

Ahí está la prueba. La fotografía, de las décadas centrales del pasado siglo, nos muestra un pueblo en el que todavía había vida y luto. Vecinos con traje de domingo que regresan a sus casas después de la misa dominical. Es sólo una estampa de las muchas que los hijos de este pueblo guardan. En otras se completa el álbum de la vida del lugar, con gentes que sacan en procesión sus vírgenes y sus pendones, otros que regresan de la trilla o la siega, mozos que bailan al son de la chifla y el tamboril...

Los trabajos y los días. La vida.


Ful
Fulgencio
Fernández

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