La raza zamorano-leonesa está de moda. En Omaña está la cuadra más grande con más de cien ejemplares
Los últimos dos ‘inquilinos’ de la granja de El Castillo junto a la madre de uno de ellos. MAURICIO PEÑA
Manuel C. Cachafeiro León
Omaña es también un paraíso para los burros. En El Castillo, en la bajada de Pandorado camino de Murias de Paredes, se encuentra la mayor cuadra de un animal denostado históricamente pero hoy convertido en icono del medio rural que se resiste a desaparecer. Antes, como recuerda Jesús, el encargado, se decía: “De burro abajo, no hay caballería”. En cambio, esta misma semana, en la undécima exposición monográfica de la raza asnal zamorano-leonesa celebrada en San Vitero, en la comarca zamorana de Aliste, los precios por ejemplares jóvenes se dispararon hasta los 2.000 euros, en el caso de una burrita,o los 540 euros de un buche, como llaman en Zamora a los ejemplares machos.
En la finca de El Castillo, al pie de la fortificación de los Benar que da nombre al pueblo y que data del siglo XIV,habrá unos 80 burros, y otros tantos en el monte, señala Jesús. Jesús no es el dueño, pero como si lo fuera. Su pasión por estos animales es total. La finca pertenece a una empresa llamada El Molar, una ganadería que no sólo tiene burros sino también ovejas y vacas de raza sayaguesa. “El dueño es catalán. Yo he estado siempre con él. Desde que llegó a Omaña. Los burros los tiene por afición aunque no descartamos con el tiempo algo de turismo rural. Aquí hay muchas rutas. No hay cosa más bonita que montar a un niño en uno de estos burrines”.
Jesús se refiere a dos ejemplares que han nacido hace pocos días. Uno tiene un mes y es lo más parecido a Platero, el burro más famoso que Juan Ramón Jiménezelevó a los altares. “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos...”. El de Omaña es igual.
El otro apenas tiene cuatro días. “Es más listo que el hambre. No pierde a la madre aunque tenga que buscarla por toda la cuadra”, dice Jesús.
La raza de burro zamorana-leonesa se ha recuperado en los últimos años gracias a ganaderos como estos de Omaña. En la actualidad, según el presidente de laAsociación Nacional de Criadores de Ganado Selecto de Raza Zamorano-Leonesa (ASZAL), Jesús de Gabriel, son más de 1.100 ejemplares los que se reparten por ambas provincias, con unos 160 nacimientos al año.
A partir de 1940 la Dirección General de Ganadería creó el Libro Genealógico en las provincias de Zamora y León con el fin de apoyar la raza, pero en los 60 decayó hasta casi desaparecer. Sólo se conservaron algunos ejemplares aislados y los que tenían en paradas militares o granjas ganaderas el Ejército de Tierra y el Ministerio de Agricultura.
Desde 1980 los burros zamorano-leoneses están considerados una raza con “protección oficial” y desde 1987, “ en peligro de extinción”, categoría que se mantiene en la actualidad. Sin embargo, a mediados de los años 90, con la creación de la Asociación de Ganado Selecto de Raza Zamorano Leonesa (ASZAL) y otras entidades más pequeñas en la provincia de León, la raza empezó renacer.
“Antes muchos animales eran viejos. Los tenían para el campo y no tenían crías. Ahora son animales jóvenes la mayoría”, explica Jesús. Un burro puede vivir perfectamente 25 años.“El nombre de burros les ha hecho mucho daño. Son animales muy dóciles; para mí, más listos que los caballos”, añade el encargado de la cuadra de El Castillo.
En el año 2002, ASZAL puso en marcha un programa de recría y mantenimiento de asnos jóvenes que posibilita la selección de los sementales. Esta iniciativa, denominada Proyecto Garañón, pone a disposición de los criadores garañones —como también se les llama— en cantidad suficiente y de edad adecuada que garanticen una buena fertilidad para conseguir mejorar genéticamente la raza. Para ello se utilizan machos hijos de reproductores de excelente valoración morfológica y libres de defectos heredables y consanguinidad. En la actualidad se dispone de12 líneas de machos, según fuentes de la asociación.
Además, la asociación de criadores inaugurará en abril el Centro de Reproducción y Selección de la Raza Asnal Zamorano-Leonesa, instalado en las antiguas escuelas agrarias de Santa Croya de Tera (Zamora), cuyos principales objetivos son “mejorar la eficiencia reproductiva de las hembras y aumentar el número de nacimientos, abrir nuevas líneas de investigación científica que aseguren la persistencia de la población y conservar y difundir los usos tradicionales del burro en la provincia, así como desarrollar nuevas perspectivas para la raza”, añaden las mismas fuentes.
Aunque la raza sea compartida por zamoranos y leoneses, en la provincia de León existe menos sensibilidad hacia esta raza. Salvo contadas excepciones, como la cuadra de Omaña, pocos ejemplos se ven más.
“Los ganaderos de las comarcas zamoranas de Aliste y Tierra del Pan son los que tienen los animales de mayor calidad y los que tienen más esmero. Realmente, no sólo son la cantera de la raza, sino que son los valedores y verdaderos mantenedores de la raza en su territorio originario tradicional; los demás somos colaboradores de ellos”, señala Jesús de Gabriel.
Será así, pero en el pequeño pueblo omañés de El Castillo los burros son los ‘reyes’. Pastan por la finca, comen cebada... “No se pueden quejar. Yo llevo toda la vida entre ganado y no he visto otro animal igual. Esto nunca se puede perder por el bien de todos. Desde luego por nosotros no quedará”, dice un orgulloso Jesús.