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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


Ni pueblo, ni plaza, ni sus negrillos

Hay estampas que llegan hasta este rincón en blanco y negro de la provincia que se convierten en testimonios de muchas cosas que se nos han quedado en el camino, que se han perdido o las hemos dejado perder.

La de hoy va más allá y es el fiel testigo de una desaparición absoluta, ya no existe ni la plaza, ni la iglesia, ni el pueblo, ni los negrillos... los dos niños que miran todo lo perdido pueden ser los únicos supervivientes a otra de las plagas de esta tierra que nos envolvieron en el papel brillante de la solidaridad, de las contribuciones leonesas al llamado progreso: los pantanos.

Se trata de Vegamián, el pueblo y la comarca que anegó un pantano construido por el ingeniero que mejor escribía, Juan Benet, que como compensación a una tierra real ahogada nos dejó un territorio irreal y literario, Región, y el recuerdo de su paso por la venta de Remellán y otros parajes en los que vivió y bebió como mandaba la tradición de aquella llamada generación de la posguerra que, en palabras de uno de sus integrantes, “vivíamos como si al día siguiente se fuera a acabar el mundo”.

Menos mal que nos queda la fotografía, el tiempo detenido. Ahí está la vieja plaza de Vegamián, la iglesia al fondo y esos negrillos que crecían en todos los rincones hasta que ‘la enfermedad’ se los llevó por delante, a los anónimos y a los históricos.


Ful
Fulgencio
Fernández

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