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POESÍA / 'Versos y ortigas'

La última uva del último racimo

Julio Llamazares publica su antología poética y los pocos versos que ha escrito desde 1984

El leonés Julio Llamazares regresa a la poesía, después de un largo silencio en este género, con ‘Versos y ortigas’. FOTO: MAURICIO PEÑA

Fulgencio Fernández León
Yo soy la última uva del último racimo de la viña”. Y esa última uva se llama Julio Llamazares y fue poeta; ahora es novelista, articulista de prensa, autor de libros de viaje, jugador de ajedrez en las tabernas, leonés de Vegamián (Julio sin Tierra), padre de futbolista en ciernes al que da consejos desde la banda, viajero a rincones perdidos, controvertido, leonés de su paisaje, conversador, amigo de gentes difíciles de clasificar e imposibles de encasillar... un tipo diferente y un escritor al que leen mucho, para desgracia de sus detractores.
Y vuelve a ser poeta.
De nuevo poeta pues a las librerías acaba de llegar, por obra y gracia de la editorial Hiperión una obra que se titula ‘Versos y ortigas’, que recoge aquellos versos que creó desde 1973 hasta 1984 (recogidos la mayoría de ellos en ‘Memoria de la nieve’ y ‘La lentitud de los bueyes’) y, junto a ellos, las ortigas que le han crecido desde 1984 hasta 2008.
Ortigas pues él mismo escribe. “El mundo huye de mí desde hace tiempo. Antes no lo veía o no me daba cuenta. El mundo huye de mí desde hace tiempo como yo huyo de él desde mi juventud”.
Ha pasado el tiempo entre uno y otro, entre los versos y las ortigas, igual que cambiaron sus palabras. “Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces”, decía de joven. Su autorretrato actual es el verso del comienzo de este artículo.
Y es que se creía que Julio Llamazares había abandonado la poesía. Incluso era él quien decía que era la poesía la que le había abandonado a él. Ahora, al regresar al género, descubre la verdad, que inventaba una disculpa para cada ocasión en la que le preguntaban sobre si era el huevo o la gallina, sobre quién había abandonado a quién. “Cada vez he dado una respuesta diferente, sin que ninguna -debo reconocerlo- me convenciera del todo a mí mismo. A día de hoy, sigo sin tener muy clara la razón exacta, quizá porque no hay ninguna. El misterio de la poesía es igual de inexplicable cuando surge como cuando desaparece”.
Reconoce Llamazares que la irrupción de la novela le alejó de la poesía, que marcó sus primeros años con los dos libros citados (’Memoria de la nieve’ y ‘La lentitud de los bueyes’), con aquella aventura en el grupo Barro, con aquellos Cuadernos Leoneses de Poesía que se vendían como rosquillas en el Barrio Húmedo, seguramente en el mismo lugar donde había nacido parte de la inspiración. Sólo parte, pues el leonés siempre ha insistido en que “en Vegamián, en Olleros, en La Mata de la Bérbula está la base de mi literatura”.
El nuevo libro, ‘Versos y ortigas’, está dividido en cinco apartados, dos de ellos con el epígrafe del título de sus dos libros publicados, “más los poemas que doy por buenos del nonato ‘Retrato del bañista’ (uno de ellos publicado dentro del guión escrito de la película que inspiró), mientras que los dos restantes se corresponden con mis inicios como poeta. El de ‘Las ortigas’ alude como metáfora a esas plantas que crecen espontáneas en los huertos que los dueños abandonan y que se caracterizan principalmente por su inutilidad. No es que yo lo sienta así, pero a veces me da por imaginarlo viendo el huerto que he dejado abandonado tanto tiempo”.
El huerto de la poesía. Y cierra el prólogo de esta nueva entrega, la de sus ortigas, con una consideración para este abandono.“El lector dirá si con justificación o no (el abandono)”.
Ahí está el libro, para que le respondas, y así es como él lo escribe: “Los pies de mis padres arden en la chimenea como cuando aún estaban aquí. No es la madera la que se queja”.
Ahí están sus ortigas, dulcificadas con versos.

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