Aunque jamás nos hayamos detenido a pensarlo vivimos en un mundo mágico, nos cruzamos con verdaderos magos en cada esquina, pero ya no creemos en ellos, es nuestra desgracia.
¿Qué dirían nuestros abuelos si les contamos que una carta, que un correo, llega a su destino, en cualquier rincón del mundo, en tres segundos? Y sin poner sello.
Se rascarían la cabeza y creerían que es magia.
¿Qué dirían los mismos abuelos si les dijéramos que esa queja suya sobre el enorme charco que hay a la puerta de su casa pueden estar viéndola en cualquier rincón del mundo y también el alcalde de su ciudad?
Creerían que es magia. Pura imaginación.
Eso es lo que quiere ser esta ventana que la edición digital de La Crónica te abre bajo el epígrafe de ‘Mi barrio’: magia. Pero no imaginación, realidad, pura magia.
Si te asomas a ella, verás que es una ventana abierta para ti, sea cual sea tu barrio, sea como sea tu calle, vivas en la casa que vivas, seas de aquí o hayas llegado a esta ciudad desde cualquier rincón del mundo, hables castellano o te cueste entendernos cuando te hablamos, hayas venido a estudiar o a buscarte la vida, seas banquero o incapaz de pagar tu hipoteca. A esta ventana le hemos estropeado el cierre y siempre está abierta a tus inquietudes, necesidades, denuncias, comentarios, ideas, sugerencias…
Si nos los haces llegar los verás escritos en su cristal mágico y, lo que es mejor, los verá todo el que se asome, se los enseñaremos a los leoneses, se los pondremos a la puerta a las autoridades para que se encuentren de frente con las realidades de tu mundo.
Cuéntanos lo que te gusta o disgusta desde esos barrios que las crónicas de sociedad llamaban obreros, desde los nuevos polígonos que han crecido cuando el éxodo rural llenó las ciudades y ya no había lugar para ellos en el histórico recinto amurallado, desde los pueblos que estaban a la sombra de la capital y ésta ha acabado por engullirlos, desde las céntricas calles comerciales o el bullicioso Barrio Húmedo…
Cuéntanos, denuncia que no hay la misma luz en todas las calles, que no se respetan de igual manera las paredes, que no viven con el mismo desahogo todas las gentes, que no se escuchan con la misma facilidad todas las voces.
Cuéntanos, la ventana está abierta, entra, es tu casa.