El poeta rompe su silencio con un libro ilustrado por Juan Carlos Mestre
Gamoneda y Mestre.
Fulgencio Fernández León
Este invierno ha sido pródigo en virus y mi padre ha tenido una larga afonía. Ha estado silencioso entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente obligan los premios recibidos. Ya sé que no se deben celebrar los males de un padre, pero quizá esa afonía ha resultado tener una utilidad poética. Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a constituirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe. Obediente y algo alarmado, el poeta guardó silencio, pasó su pequeño calvario, cuidó su voz hasta reencontrarla. Y ahí están sus últimos poemas: no es mi oído filial sino mi oído poético el que me dice que en ellos hay una voz potente que vibra”. Estas irónicas palabras cierran el preámbulo del último libro de Antonio Gamoneda, ‘Extravío en la luz’, y su autora es la hija del poeta, Amelia Gamoneda.
Gamoneda ha recuperado la voz. Después de dos años de silencio poético y viajes, fruto de los daños colaterales de los premios recibidos, después de superar los virus del invierno de León, ha visto la luz este libro artístico que incluye seis poemas inéditos del autor de ‘Libro del frío’ y veinte grabados del ilustrador y poeta berciano Juan Carlos Mestre, quien explica. “Con Antonio, con el maestro Antonio, es especial todo lo que haces. Le tengo fervor, admiración y reconocimiento como maestro, como guía y como poeta. Su generosidad ha significado mucho para nosotros y me sume rápido a la idea de este libro, que partió del pintor extremeño Javier Fernández de Molina, que edita una colección de carpetas de gráfica y poesía en la Escuela de Artes de Mérida. Es un libro bello, un diálogo, un puente de referencia entre la realidad del texto y las estructuras múltiples de memoria que tienen todos los textos de Gamoneda. Se trataba de añadir otro tipo de diálogo que estuviera más próximo a los territorios inaudibles del significado, pues los poemas de Gamoneda tienen cosas que no se oyen pero que uno ve”.
Gamoneda, por su parte, explicaba que quiso esperar estos dos años pues cree que “publicar un libro de poesía cada año es una imprudencia y, además, me ha faltado tranquilidad en los últimos tiempos, en los que únicamente he podido terminar las memorias de mi infancia, que es posible que salgan en abril o mayo”.
Tanto Amelia Gamoneda como Mestre hablan de poemas que vibran. “Cada nuevo poema de Antonio es un acontecimiento, pero en este libro hay uno sobrecogedor, creo que es uno de los poemas más estremecedores que se han escrito sobre la memoria de la posguerra”, dice convencido Mestre.
Señalan en la editorial que Gamoneda en sus poemas insiste enreivindicar ‘la dignidad de la memoria’ y en símbolos habituales en su poesía: las manos, la herida, la lluvia, el cuerpo, la luz, el dolor... Uno de ellos se titula precisamente ‘Manos’: “Sacudí la ceniza de mis párpados, / busqué el día en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí. Era como ser y no ser. / Descansé de mí mismo /hasta que mis venas se vaciaron en la luz. // Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan hasta despertar el corazón / y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de máquinasenloquecidas en la inmovilidad. /En la pausa mortal, una vez más, / pasaron lentamente sobre mí tus manos”.
Este es el nuevo/eterno Gamoneda, que vuelve a darle voz a los que no la tuvieron. Uno de ellos,“Ha de llover”, lo escribió para la Expo del Agua, de Zaragoza. “Soy el mismo poeta, con más edad yexperiencia. Sí notará el lector algunas novedades de índole formal, fragmentos que tienen una organización más tradicional pues aparecen rimas asonantes, que han surgido casi sin buscarlas ”.
‘Extravío en la luz’, allí está.