UNA IMAGEN Y 237 PALABRAS

Una quitanieves |
Las nevadas ya son otro mundo. Han desaparecido aquellos tiempos de pueblos aislados en los que una estrecha senda señalaba el camino hasta la cuadra (para dar de comer a los animales y ordeñar) y otra más ancha indicaba la dirección de la cantina del pueblo, aquella en la que se reunían los vecinos en torno a un vaso de vino blanco caliente, con azúcar, y se pasaba revista a la situación general. Tú, chaval, vete hasta casa de Prudencio, que vive solo, y mira a ver si necesita algo: pan, vino, tabaco, que le subas la leña para prender la lumbre... ¿Cómo estará la suegra de Miliano, que andaba fastidiada y le tuvieron que poner oxígeno?, ¿le habrá aguantado el tejado a Isaura? Todo en orden, pues echa vino y mira a ver si calientas unos chichos que el vino a palo seco entra mal. Y prepara el candil que no tardará en marcharse la luz, nada más que comiencen las torvas. La vida sigue. Si suena la campana y hay una emergencia, pues a la espalada, sin faltar nadie, que no hay enfado que sobreviva a una buena nevada. Ahora llegan las quitanieves al amanecer, limpian carreteras, tapan las señales, abren los caminos, sacan a los enfermos... pero el paisano de Llánaves de la Reina sigue teniendo en la memoria la tradicional forma de abrir senda y sigue sin conocer mejores botas de invierno que unas buenas madreñas. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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