UNA IMAGEN Y 242 PALABRAS

¡Cuánto amor |
Por mucho que los poetas y economistas coincidan, por una vez, en afirmar que ‘la poesía ha caído en desgracia’ o que corren ‘malos tiempos para la lírica’ siempre quedará un adolescente enamorado, el único ser racional absolutamente irracional, que volverá a gritar desde la corteza de un árbol la única verdad que le interesa, su amor por el amor de toda su vida. Sabiendo que en estas edades ‘toda la vida’ significa exactamente el segundo en el que está gritando a los cuatro vientos ‘te quiero Naty’ y lo firma Kike. No hace falta escribirlo todo, el corazón labrado a navaja lo explica con rotundidad. Un corazón se superpone a otro. Un nombre grabado con más ardor eclipsa el que hasta ayer era el más grande. Y la vieja corteza, que ya ha conocido a generaciones de navajas de adolescentes enamorados, sonríe cuando le clavan el filo. Sonríe como sonríe alguno de los adolescentes cuando meses más tarde pasea cerca del árbol, pero Naty ya no va de la mano de Kike, ni Fiti de la de Elena. Tal vez hayan dibujado otro corazón con otros nombres en otra corteza. No siempre. Creamos en los buenos tiempos para la lírica y soñemos que algunos de estos amores sí han sido eternos, como el de aquella mujer de Escalada que dibujó su amor en un árbol, emigró y comprobó feliz como medio siglo después el corazón aún latía en la vieja corteza. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
|---|---|---|