UNA IMAGEN Y 237 PALABRAS

La escultura |
A hora que los grandes almacenes ya preparan las luces de Navidad (el Ayuntamiento no, que ya entró en esa fase que no paga ni la luz) llega el momento de los belenes vivientes, con ovejas que balan, bueyes que pasan de todo, sanjosés que no tienen de carpintero más que la barba, ¿vírgenes? y niños Jesús que más que mamar ya están en época de tomar vinos por el Húmedo. Y con tanto belén viviente, tanto sanjosé de pacotilla y reyes magos que no les escribe una biografía ni Pilar Urbano a cualquier paisano lo convertimos en una escultura viviente, para que pueda sobrevivir a los ataques de los tiempos que les han tocado sufrir. Pero aquí, en la imagen de la fotografía, no hay trampa ni cartón. No es un pastorcillo del belén, ni un monumento al agricultor desaparecido. Es un agricultor de carne y hueso, de boina y azada, que todavía los hay por mucho que los sucesivos gobiernos se empeñen en convertirlos en especies en peligro de extinción. Un agricultor de los de verdad. De los que se levantan al amanecer y riegan las tierras con sudor y esfuerzo. De los que hablan con las nubes del cielo y éstas les desvelan si va a llover, helar o nevar para que organicen los trabajos y los días, los afanes y los gozos. Por mucho que la estampa le parezca una escultura, es un paisano. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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