Logo de la-cronica.net


FÚTBOL / Copa del Rey (Ponferradina, 1 - Sevilla, 0)

La 'Ponfe' da la campanada con el Sevilla

El gol de Portilla en el descuento hace justicia al dominio de la Deportiva

Los jugadores de la Ponferradina celebran el gol de la victoria. GAZTELU

Javier Santiago Ponferrada
El fútbol también sabe ser justo. A veces el esfuerzo, la ilusión y el coraje reciben el precio merecido. Aunque haya que esperar para conseguirlo. La Ponferradina es grande, también entre los grandes. Ayer anuló a un Sevilla decepcionante y logró un triunfo merecido y, además, inolvidable.
El gol de la victoria debió de llegar antes. La Ponferradina lo buscó con ambición desde el primer minuto. Salió al campo con valentía y con la convicción de que al menos a ganas no le iba a vencer nadie, ni siquiera el equipo más revolucionario de las últimas temporadas.
Así, impuso su ley de principio a fin, incluso hasta en los momentos en los que el cansancio parecía jugar también a favor del Sevilla. Generó ocasiones, se hizo merecedor de un triunfo rotundo y, al menos, logró una victoria para seguir soñando, para prolongar una fiesta que vivirá su próximo acto el 12 de noviembre en el Sánchez Pizjuán.
Los primeros 20 minuto sirvieron para dejar claro que la Ponferradina no temía al poderío del Sevilla. Jonathan Valle compareció con la inspiración de los días grandes y fue el primero en demostrar que sobre el campo había jugadores de elite. Mientras el rival se tomaba las cosas con calma, empezó a destilar fútbol endiablado y a crear ocasiones.
Primero colgó dos buenos centros que no pudieron enviar a la red Irurzun y Rubén Vega. Después, depositó en la zona de máximo peligro dos pases impecables y profundos, precedidos de un ritual de regates. Allí estaba Irurzun, pero también el canterano sevillista Javi Varas, que por dos ocasiones interpuso su cuerpo entre la pelota y la felicidad.
Esos minutos de arrebato blanquiazul se cerraron con otra buena oportunidad para Fran, que se encontró con un balón solitario en el área pero su disparo dejó para otro momento el reencuentro del héroe con el gol.
Todo esto con el Sevilla pasando la noche sin apenas hacer acto de presencia. Su catálogo de figuras asusta y así, cada vez que su balón comparecía por el entorno del área berciana daban ganas de mirar al cielo y suspirar. Pero los hechos no se correspondieron con el miedo. Los de Manolo Jiménez cerraron el primer tiempo sin generar demasiado peligro. Sólo algún disparo desde fuera del área incapaz de atragantar la cena de los que ya desenfundaron el bocadillo antes del descanso.
Manolo Jiménez aprovechó el parón no para comer empanada, sino para tratar de espantar la que atosigaba a su equipo. Hizo cambios muy pronto y dio entrada al temible Jesús Navas. Pero ni el eléctrico hombre de banda pudo encontrar grietas en una defensa que ayer estuvo casi perfecta.
Portilla avisó de lo que pensaba hacer con un buen lanzamiento que se fue alto. A partir de ahí, el juego languideció y el Sevilla, consciente de que no tenía enfrente a una cenicienta, intentó acercarse un poco más por la portería de un siempre solvente Alejandro.
Pero en lugar de desplegar su abanico de juego temible, sólo ensayó algún tímido disparo poco preocupante. La Ponferradina, mientras tanto, sacaba aliento del infalible empuje de la grada para evitar el peligro del empate y soñar con la victoria que ya merecía.
Viadero fue dosificando los cambios para apuntalar al equipo. Jonathan Valle, con su catálogo de virguerías sepultado bajo el desgaste físico, dio entrada a Ernesto, que, como siempre, aportó frescura y desborde desde su banda. De Paula compareció para espolear aún más a los aficionados y Borreguero sumó su capacidad para sostener al equipo al buen trabajo que venían desarrollando Jonathan y Portilla.
A este último, el destino le reservaba entrar de golpe en la historia de la Ponferradina. Cuando el Sevilla intentaba sus últimos paseos más o menos torpones por el área de la Deportiva, apareció el aliento mágico que hacía falta para convertir lo que ya era una noche grande en uno de los días más inolvidables para los corazones blanquiazules.
El equipo se echó arriba con sus penúltimas fuerzas, lanzó un ataque con fe y, así, generó un rechace que apareció en los pies de Portilla. Este vio la gloria ante sí y no tuvo miedo a engancharla. Propinó un inspirado zapatazo al balón, consiguió endiablarlo y lo envió a un rincón inalcanzable para Javi Varas. Con ello, espoleó uno de los gritos más potentes que se recuerdan en El Toralín. La Ponferradina recibió su recompensa y, además, prolongó el sueño de una Copa del Rey que todavía no ha terminado. Queda el Sánchez Pizjuán y la Deportiva no piensa rendirse.

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica