La Unión de Correctores salió ayer a las calles en busca de errores
El rótulo del edificio Metrópolis, en Madrid, aparece sin acentuar. Ángel Díez (Efe)
Isabel Laguna Madrid
Urgencias urologícas, Callejon de los siete abujeros, Maquillage, Basilíca de San Francisco el Grande o Policia de madrid son algunas de las erratas que lucen sin pudor en las vías públicas y que ayer fueron presa de una peculiar cacería, la que celebró la Unión de Correctores de España (Unico).
“Esto es una caza menor, comparada con la que se puede hacer abriendo un libro, un periódico o un texto administrativo”, comentó Antonio Martín, presidente de la Unico, en la cacería de erratas, durante la que un grupo de miembros de este colectivo recorrió el centro de Madrid, desde la calle Alcalá a la Puerta del Sol, atrapando errores ortográficos con sus cámaras fotográficas.
Lo hacen, como el año pasado, para celebrar el Día del Corrector, sumándose así a una iniciativa de la Fundación Litterae de Argentina en la fecha en la que nació, en el año 1467, el humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam, que, entre otros oficios, fue corrector.
Y también para dar a conocer su asociación, que actualmente cuenta con 150 socios, y su trabajo: “queremos demostrar que no somos una panda de tiquismiquis”, sino unos profesionales que “trabajamos para revisar el lenguaje y podemos ayudar a evitar erratas”.
Su trabajo no está reconocido como oficio por la Seguridad Social ni figura en los listados de profesionales de las páginas amarillas, a pesar de que ellos lo ven cada día más necesario. “En España se publican 62.000 títulos al año, además de revistas, periódicos y documentación. La población esta más alfabetizada, se escribe más y se lee más, aunque sean los SMS o los chat, pero se ha disparado el número de errores”, reveló el presidente de la Unico, quien añadió que la Ley del Libro “dice que todos tenemos derecho a leer con calidad” y, por lo tanto, “debemos, como usuarios, exigirla”. Una calidad que, a juzgar por los resultados de su cacería, se saltan frecuentemente desde los publicitarios a las administraciones públicas, especialmente en lo que se refiere al uso de los acentos y de las mayúsculas.
Carteles que ofrecen Informacion turistica sin tildes, coches-patrulla de la Policia Municipal de madrid, sin acento ni mayúscula en el nombre de la ciudad y un centro comercial que cuelga de su fachada en grandes rótulos hasta tres faltas de acento seguidas en las palabras video, television y telefonia, fueron presa de la cacería.
A ella se sumaron, enviando sus fotos, otros correctores que encontraron perlas como la que luce en una oficina del Ministerio de Justicia, donde en un cartel se advierte de que unicaménte se recogen y solicitan certificados o una octavilla que ofrece maquillages en el Parque de Atracciones Tibidabo de Barcelona.
La grúa de Madrid, además de coches mal estacionados, se lleva la tilde a su deposito en uno de sus carteles; un supermercado presume tanto de estar cerca de tí que incluso acentúa de más y una agencia de viajes cuestiona en un cartel publicitario ¿A que esperas?, sin que se sepa si lo que quiere es meter prisa a sus clientes para que pinten ellos mismos el acento.
Otros prefieren que les sobre a que les falte, como el restaurante madrileño que en el postre de su menú ofrece arroz con leche ó los tres chocolates; y, en Argentina, cazaron un cartel que asegura que los reintegros se realizan ¡¡sin exepcion!!”. “De fondo hay una sensación de que no pasa nada”, aseguró Antonio Martín, presidente de un colectivo que no puede evitar dar un respingo a cada paso. “Es que te asaltan todo el tiempo (las faltas ortográficas), dan ganas de ir por la calle con un rotulador y un borrador”, explicó una de las correctoras que participó en la actividad.