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UNA IMAGEN Y 246 PALABRAS


El vecino impasible
y con leyenda

 

 

Cada escultura urbana nace con una polémica y crece y convive con una leyenda. Como a los pobres de nuestras calles les adjudican una leyenda urbana que nunca se sabrá si es verdad; como ya nadie sabe si fue el obispo Almarcha quien mandó la Fasa para Valladolid o si el pobre de la plaza de Santo Domingo tenía siete carreras.

¿Y qué más da?, ¿de qué discutir en el bar si de todo tenemos el secreto?

Un día se dijo que el ser más retratado de la ciudad, Gaudí, en realidad era Clarín, pero en Oviedo no les gustó y nos lo mandaron envuelto en celofán. Alguien aseguró, con la solvencia del que tiene la cara del que sabe, que una de las esculturas con mejor ubicación en la ciudad, en nuestra Catedral, era un maniquí de El Corte Inglés, para desesperación de su autor, que había cometido el pecado de hacerle caso a una concejala que sabía tanto de escultura como de la vida del presidente de Gabón. Pero ella no sabía que no sabía.

Otras leyendas no se pueden ni contar, como la del grupo de la plaza de San Isidoro, es una historia codificada.

Pero lo bueno de tener leyenda es que ya tienes biografía y con ella una vida propia, ya formas parte del paisaje, existes.

Así, dos compañeros seguidos al ver la fotografía de esta página hicieron la misma pregunta: «¿Quién es el paisano del bigote?, me suena de algo».

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Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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