UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

En cien años... |
Si fuera ‘el paisano’ tal vez, más bien seguramente, abriría un ojo para alegrarlo con los tres modelos de juveniles piernas que caminan ante él: en falda, en pantalón y a media pensión, ni falda ni pantalón. Después, el paisano cerraría de nuevo el ojo pensando: ‘pero ¿qué tiempos me fueron a tocar vivir?, ¿porqué sería pecado esta forma de pasear?’. Y a sestear, que es lo que nos queda después de muchos años de duro peregrinar. La buena mujer de la fotografía ni siquiera abre un ojo, como haría el paisano. No quiere interrumpir la siesta, que es lo que nos queda después de una vida de duro bregar, para pensar en qué tiempos aquellos en los que ella no podía ni enseñar el tobillo para no ser piedra de escándalo en el filandón de las beatas, no podía bailar sin el permiso previo de su madre, que escrutaba al solicitante de arriba abajo antes de dar el sí, para no ser tenida por fresca, no podía vivir porque vivir era pecado. Pero tampoco las mozas miran para ella. Lucen sus piernas al sol del verano leonés y en sus mentes no están los avatares de la mujer que bregó toda una vida para tener una siesta. Y es que además, si miraran, tendrían que reconocer que dentro de cien años... todas con varices. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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