UNA IMAGEN Y 227 PALABRAS

Boda y milagros de una catedral
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Una catedral es una ciudad de prodigios, y más la de León que es, en sí misma, un prodigio: de piedra y de luz, de pared y de vidrio, de enfermedad y supervivencia durante siglos en una tierra en la que tantas veces a alguien le habrán sobrado ganas de desandar el camino que un día iniciara Manrique de Lara sobre un solar de otra catedral anterior. A una catedral que un día le inventaron un topo para que creciera la leyenda de su destrucción, a una catedral que la noche que más ojos tuvo puestos sobre ella fue aquella de 1966 cuando comenzó a arder por su frágil tejado, a una catedral que una madrugada un hombre le rompió una vidriera para entrar a hablar con Dios que le había llamado, a una catedral que se le ha puesto enferma hasta la piedra... a esa catedral no le puede asustar que un día un ramo de flores entre por su puerta caminando sobre sus propios pies o, vaya usted a saber, un hombre se haya vestido de ramo de flores de medio cuerpo para arriba, engalanado para visitarla. ¿Será el cumpleaños del deán?, ¿serán las flores para el sepulcro del obispo Martín Rodríguez ‘El zamorano’ que allí yace? No le de más vueltas. El pobre de la puerta tiene muy claro para qué son las flores: hay boda. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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