La reconciliación entre los presidentes de Colombia y Venezuela podría degenerar en otros roces si se vuelven a ver afectados por crisis internas
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le regala un cuadro de Simón Bolívar a su homólogo de Colombia, Álvaro Uribe. EFE
B. Ellsworth (Reuters) Caracas
La reunión de reconciliación en la que los presidentes de Venezuela y Colombia prometieron recuperar su cooperación personal tras meses de crisis, probablemente no evitará que puedan revivir las disputas cuando sus situaciones políticas internas así lo demanden.
Hugo Chávez y su homólogo colombiano, Álvaro Uribe, pusieron fin el viernes a meses de acusaciones e insultos con un apretón de manos y promesas de impulsar el intercambio comercial y la cooperación política y energética.
“Decidimos voltear completamente la página”, comentó el líder venezolano tras un encuentro privado de dos horas, en el que pasaron de dirimir sus diferencias a conversar sobre planes conjuntos en materia de infraestructura.
Uribe se mostró igualmente conciliador: “Donde no prospera el odio y permanece la hermandad, las dificultades se superan”.
Con buenas palabras y promesas de cooperación fronteriza, ambos Gobiernos allanaron esta semana el camino para esta tercera reunión que sus dirigentes, antagónicos en sus ideologías, han mantenido en cinco años solo para limar asperezas.
El corpulento comandante, que asegura liderar una revolución socialista, y el enjuto Uribe, un conservador aliado de EEUU, se han acusado periódicamente de desestabilizar la región andina.
“Es un buen teatro, pero no es mucho más que eso. Los dos son como el agua y el aceite, simplemente no se llevan”, declaró Riordan Roett, analista de la Johns Hopkins School en Washington.
El presidente colombiano, que ha logrado gran popularidad en su país después de rescatar a15 rehenes de alto perfil en manos de la guerrilla, aprovechó la reunión para enmendar su imagen regional, tras generar tensiones en marzo con un ataque militar a las FARC en territorio ecuatoriano.
Chávez, quien también trató de mejorar su perfil en la cita, se distanció recientemente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, bastante impopulares dentro y fuera del país, matizando su discurso meses después de dar importantes muestras de apoyo a los rebeldes marxistas.
Pero la cordialidad podría no durar mucho.
Con unas elecciones regionales clave en noviembre, Chávez podría renovar las tensiones con su vecino para distraer a la población de los problemas internos, como la inflación o la criminalidad, igual que ya hiciera en el referendo constitucional de 2007, que finalmente perdió por un estrecho margen.
También Uribe podría revivir el resentimiento de los colombianos hacia la simpatía de Chávez con la guerrilla si arrecian las acusaciones de que su Gobierno está implicado con paramilitares de derecha o se renuevan las presiones por un escándalo de soborno ligado a su reelección en 2006.
Ambos mandatarios aseguraron que fortalecerán los lazos económicos que rondarán los 6.000 millones de dólares en 2008, con un saldo muy favorable para el país cafetalero.
Meses atrás, la hostilidad se disparó cuando Bogotá bombardeó la frontera de Ecuador en un ataque a las FARC, lo que provocó que Chávez mandara tanques a la frontera y llamara “mentiroso” a Uribe.