La coyuntura económica ha comenzado a pasar factura a los inmigrantes
Patricia y su marido en el negocio de lavado y engrase de coches que abrieron hace algo más de dos años en la capital leonesa.
I. Herrera León
De la crisis económica no se salva ni Rita ‘La Cantaora’. Eso ya ha quedado claro. Pero a unos les afectará más y a otros menos, y a unos les llegará antes y a otros más tarde. Al colectivo inmigrante ya ha comenzado a hacerle ‘pupa’ y todo apunta a que será uno de los más perjudicados, claro que no todos correrán el mismo destino.
Cada uno de los marroquíes, argentinos, argelinos, nigerianos, colombianos... que vive en León constituye una vida, una familia y una historia. Aquí van dos, la de Patricia y la de Antonio, sólo dos de tantas.
Hace seis años aterrizaba en León Patricia junto a su esposo y sus cuatro hijas. Volaban desde Córdoba (Argentina). Llegaron ya sin venda en los ojos, conscientes de que abrirse camino en un país extranjero no era fácil. Y lucharon por salir adelante como siguen luchando a día de hoy. Trabajando con esfuerzo y constancia, haciendo malabares con los gastos en los momentos de apuro y también arriesgando. Recuerda Patricia cómo al principio trabajó en aquello que iba saliendo mientras su marido hacía lo propio en su oficio, técnico de calefacción y aire acondicionado. Pero un día se les planteó la posibilidad de montar una empresa: “Me enteré de que la obra social de Caja España financiaba proyectos empresariales a inmigrantes pero tenían que estar respaldados por una ONG como Cruz Roja”. Y ni corta ni perezosa se puso manos a la obra. Además, “desde el primer momento tuvimos contacto con Cruz Roja porque fue donde yo acudí cuando tuve que buscar empleo” así que el aval de la organización no fue un problema pues en el programa de autoempleo contaron con toda la ayuda necesaria. Y así nació Efrain –que abrió sus puertas en febrero de 2006–, una empresa de lavado y engrase de vehículos, la empresa de su vida, no tanto por ser su sueño, sino por ser el negocio que sostiene a su familia. Allí trabajan ella y su esposo y allí ayudan sus hijas.
“Gracias a dios”, sonríe Patricia, “desde el principio funcionó bien”, pero a Efrain también ha llegado la crisis, y en este punto le cambia la cara, “se está notando, se está notando mucho. Pero estamos tratando de sobrellevar el bajón”. Para obtener unos ingresos a mayores, Patricia ha buscado un empleo a media jornada como cajera que cubra el desgaste del negocio por el que siguen peleando con mucho sacrificio.
León ya se ha convertido en su hogar. Patricia y su esposo obtenían recientemente la nacionalidad española: “Aquí están estudiando mis hijas, aquí tenemos nuestro negocio y aquí tenemos ya nuestra vida”. Pero aun así “uno siente que no es de aquí, lo siente cada día y sí que hay gente que te encuentras que por el hecho de ser inmigrante te pone pegas o desconfía desde el principio, lo ves cuando llamas para alquilar un piso o cuando te presentas en algún sitio, pero también hay mucha más gente que todo lo contrario”. En cambio, tiene bastante claro que “indudablemente será el colectivo inmigrante el que más sufra” esta coyuntura económica. Además, aunque apuesta por una entrada migratoria ordenada y controlada considera que no se puede utilizar la xenofobia para justificar una crisis que no está ligada estrictamente a la inmigración sino a otros factores que son más grandes y poderosos. Y es que el rechazo a los extrajeros se ha incrementado con esta situación según se ha comentado en algunos ámbitos.
Patricia y familia, superarán la crisis, en eso confían y en eso han depositado sus esfuerzos, pero habrá otros que corran una suerte diferente.
Sin trabajar, Antonio no puede seguir más tiempo en España. Y aunque su situación no viene derivada directamente de la maltrecha economía sí se ve agravada. Llegó a España en busca de asilo político pues en su país (Guatemala) estaba recibiendo presiones. Dos años después, todavía no se ha resuelto su solicitud de asilo. Camina por la vida con una tarjeta amarilla provisional que debe renovar cada tres meses y que le hace muy difícil, cuenta, “desarrollar mis actividades económicas, políticas, sociales y sobre todo las laborales”.
Su rostro es de desesperación: “Cuando haces una solicitud de asilo y no se resuelve en dos años pues yo creo que estoy, ‘este, que te digo’ –dice con acento gatemalteco–, a punto de regresar o trasladarme a otro país”.
Licenciado en Ciencias Políticas, Antonio plantea su visión de la crisis: “Nos golpea a todos, españoles, extranjeros, asilados... perobásicamente lo que miro es yo es que la tal crisis económica se está adminsitrando mal”. Al tiempo, encuentra incongruencias en el discurso del Gobierno pues “en enero de este año hicieron una invitación velada a los extranjeros para que marcharan del país porque viene la crisis y, señores, mejor se van. Y ahora, en estos últimos días están moviendo los hilos para que los extranjeros voten en unas supuestas elecciones generales. Entonces, les dijimos que se regresen por donde vinieron, pero una buena masa de estos mejor que se quede porque nos puede servir”.
Antonio ha estado trabajando en el sector servicios principalmente, “periodos cortos de trabajo, cinco, seis meses, y básicamente a mí lo que me ha impedido trabajar es tener un documento que se renueva cada tres meses. Así es difícil. A veces te dicen que te van a hacer un contrato indefinido, pero cuando se topan con qué documento cargas te dicen que no. Eso me obliga a regresar, tengo que dimitir definitivamente”.
Tuvo que marcharse de su país y recaló en España en busca de seguridad: “Tal vez hubiera necesitado permancer aquí unos cinco años, yo venía calibrando un espacio-tiempo así, trabajando no necesariamente de lo que yo sé hacer, dispuesto a dejarlo y retomarlo en un futuro, pero es imposible seguir aquí”. Sobre todo ahora que encontrar trabajo es una tarea todavía más ardua de lo que ya era tiempo atrás.